Madridismo, pasión en estado Facebook

Tras una promesa hecha con acierto o desacierto, según los ojos del que mire, y que ya ha sido cumplida, pero que necesito mantenerla un poco más en el tiempo, me he levantado con la necesidad imperiosa de hablar de la pasión. El término que viene del latín “patior” significa sufrir o sentir una emoción fuerte hacia algo o alguien. Las malas lenguas la menosprecian porque dicen que se diferencia del amor en que éste implica apego y la pasión tan sólo apela a la afinidad, el interés, el deseo o simplemente a la admiración. ¿Les parece poco?

Esta corriente eléctrica, que te golpea el alma, puede ser fugaz, pasajera, inocente, prohibida y obsesiva. Cuando llega a este punto, se convierte en fanatismo.

Por ello, no habría hecho falta venirme a vivir a este pequeño paraíso urbano para saber que no hay pasión de mayor dimensión que la que aquí despierta un sentimiento blanco.

grada Bernabéu

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La voz del Sol, el eco del pájaro

Sin acción no hay movimiento. El Mundo está plagado de buenas intenciones que, si no se llevan a la práctica, se quedan en eso, en meros pensamientos fugaces que podrían materializarse. Así nació y creció una protesta social que dio su particular “campanada” en una céntrica plaza madrileña, bajo la atenta mirada del dios Sol. El kilómetro cero se convirtió en el punto de partida de la marcha de la indignación colectiva. Twitter se simbiotizó con la marea humana y se convirtió en el eco de un pensamiento común.

Kilometro0 Puerta del Sol

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La inmensa red social del Metro de Madrid

Antes de afincarme en esta maravillosa ciudad, de la que ya era asidua durante periodos vacacionales o fines de semana, me fascinaba la idea de tener que moverme de un lado para otro. Caminar entre vías subterráneas donde encontrar al músico con más tablas que muchos de los escuchados en grandes emisoras de radio, a algunos mendigos con más picaresca que necesidad o aquel viajero absorto en su libro, ajeno a lo que pasaba en el interior del vagón.

personas leyendo metro Madrid

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Una vuelta de tuerca acaba con mis pasos en la Villa madrileña

Siempre se ha dicho que “quien tiene padrino se bautiza”. Así ha pasado siempre y, hoy por hoy, está destinado a que siga ocurriendo. Sin embargo, ya hay 4.701.338 personas que necesitan de la varita mágica de alguien para recibir el bautismo en forma de trabajo bendito. Yo, mientras esperaba que eso ocurriera desde el mes de septiembre, tenía dos opciones: lo que popularmente se conoce como esperar sentado o avanzar. Cuando ya tenía prácticamente la decisión tomada, los acontecimientos dieron un giro inesperado y se produjo el aMADRIDnamiento.

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